Viví desde los 5 años en Cuernavaca, ahí estudié, ahí crecí, ahí tenía hecha mi vida (o deshecha), mis amigos, mis exnovios, mis secretos, mis alegrías, mis derrotas y mis victorias pendejas. Allá estaba todo lo que tenía o creía tener pero un buen día, no sé ni porque, pero decidí tomarle la palabra a mi hermano y comencé a buscar trabajo en el DF. Creo que fue cuestión de suerte pero menos de una semana después ya tenía lugar en el nuevo proyecto de una empresa.
Renuncié a mi trabajo, empaqué mis cosas y llegué un domingo con nada mas que una maleta llena de ropa y un miedo terrible que me ha traído hasta donde estoy hoy... 6 años han pasado.
Lunes 14 de Febrero: Desperté apanicada, me puse unos pantalones negros, una blusa rosa y mis tacones favoritos. Mi cuñada me acompañaría hasta dónde tenía que transbordar para llegar a Insurgentes.
Suena fácil pero nos perdimos, tomamos el metro en la dirección contraria y tres o cuatro estaciones adelante nos dimos cuenta y tuvimos que regresar por el mismo camino.
Mi día no empezaba bien...
Transbordé siguiendo las instrucciones que me habían dado y por fin llegué a Insurgentes, suspiré de alivio, salí a la calle, tomé el camión y a los 10 o 15 minutos me di cuenta que de nuevo me había subido en la dirección contraria.
Mi día empeoraba con cada minuto. ¿Qué haces aquí? Me preguntaba...
Llegué corriendo a mi primer día de trabajo, secándome el sudor y disimulando el dolor de pies que me provocaban los tacones.
Aun así y por suerte llegué a tiempo.
Me presentaron a mis nuevos compañeros y nos capacitaron durante todo el día en lo que serían las herramientas de trabajo, políticas, responsabilidades, etc.
Antonio era también de Cuernavaca aunque vivía en el DF hacía unos meses y a Erick se le había desaparecido la galana en turno así que ninguno de los tres teníamos nada que hacer. Yo sinceramente tenía pánico de volver a subirme a un camión sola así que comí con ellos mientras agarraba valor para regresar.
Había quedado de cenar con alguien así que me subí de nuevo al metro que me llevaría a casa de mi prima a hacer tiempo en lo que él salía de la maestría.
Un calor húmedo y espeso que no dejaba respirar flotaba por los túneles del metro. Seguí los letreros buscando la salida y me encontré con que no había luz y no funcionaban las escaleras eléctricas. Subí decenas de escalones motivada por respirar algo menos denso y fresco.
Empapada en sudor seguía preguntándome si en verdad valía la pena dejar mi casa por vivir esa mierda.
Por fin llegué al nivel de la calle y, aunque agotada, decidí que era mejor ahorrar el poco dinero que traía y caminar, eso si, ésta vez en la dirección correcta de la calle. Caminé, caminé, caminé y caminé no sé cuanto tiempo pero me pareció una eternidad con el dolor de pies que se había vuelto insoportable.
En éste punto ya estaba a nada de llorar caminando sin luz muerta de miedo, sin pila del celular y sin dinero. Estaba desesperada y sumamente cansada.
Cuando por fin llegué a casa de mi prima aun no regresaba la luz y tuve que gritar hasta que me escucharon y abrieron la puerta. Entré, me lavé la cara y le hablé al susodicho que contestó con un reclamo pues tenía una hora marcándome al celular y estaba apagado y como había salido temprano de su clase ya iba de regreso a Cuernavaca.
Por poco lo asesino. No sé que le dije, no sé de que modo o con que tono de voz se lo dije pero se regresó a cenar conmigo. Yo estaba ya de un humor negro, cegada por el coraje y el pésimo día que venía arrastrando. Llegamos al restaurante y no pedí nada de cenar, solo una coca light en un lugar abarrotado de gente. Creo que él me odió.
Cuando salimos caí en cuenta que no sabía llegar a mi casa. Nos perdimos 30 o 40 minutos hasta que le llamé a mi hermano para que le explicara como encontrar la dirección.
¿¿¿Feliz día de San Valentin o Welcome to the Jungle???
Ese ha sido uno de los peores días de mi vida, ese 14 de Febrero del terror en que estuve a un segundo de agarrar mi maleta aún sin desempacar, abandonar mis sueños y regresar a casa.
Hoy doy gracias por haber tenido el valor suficiente para no hacerlo. Han pasado muchas cosas desde que llegué a vivir aquí, algunas buenas, algunas malas pero todas han sido parte de un gran aprendizaje.
Gracias Pin por alentarme y gracias Niyito por soportarme!
lunes, 15 de febrero de 2010
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sabes? algo parecido me sucedió en mi primer día en Mérida (soy de cancun, vine aqui a estudiar)
ResponderBorrarpero poco a poco uno se va acostumbrando a las cosas... y si debo decir algo, me parece sorprendente que ya conozco dos ciudades personalmente...
la vida nueva siempre es muy dificil... pero lo importante siempre es no rendirse y seguir adelante...
probablemente me mude pronto al DF (quiero transferirme al IPN a terminar mi carrera) así que ya probaré un poco de lo que fueron tus problemas
me gustó este post... gracias
Oye, no había leído este post, que chido está, no tienes nada que agradecer y sabes que te quiero mucho y que me encanta que te la pases dando lata. Me alegro de que hoy puedas voltear y darte cuenta de que ese primer día fue simplemente una prueba que esta gran ciudad te puso, la novatada que le dicen. Ahora veo con orgullo que la ciudad es tuya, como siempre haz triunfado.
ResponderBorrarTe quiere tu hermano.