Cuando me lo presentaron no me llamó la atención en lo absoluto. Intercambiamos un par de palabras y yo estaba de mal humor porque hacía un calor infernal. Cuando estaba a punto de irme se acercó y pasó el resto de la noche haciendo lo humanamente posible por que yo pasara un buen rato. Llegue a mi casa con dolor de estómago de tanto reír.
Me llamó al otro día y empezamos a salir, un 19 de Enero...
Aunque era muy chistoso y buena gente en realidad no era "mi tipo" pero no tenía nada mejor que hacer ni nada que perder asi que sin mucha esperanza salí con él. La vida me sorprendió. En algún momento de esa tarde me enganchó. No sé si fue lo atento, el baile, las risas o el alcohol pero caí redondita.
Es de Saltillo, vivió hasta terminar la universidad en el DF y ahora tiene un negocio en Xalapa. Por lo menos tres días estaba aquí por la maestría y el resto de la semana se convertía en un gitano. Un día en cada ciudad hicieron que nuestra relación fuera bastante complicada. A eso hay que sumarle sus errores y todos los míos. No funcionó, terminamos por un malentendido y mi enojo y su terquedad no nos permitieron arreglarlo. Lamentablemente no supimos cómo.
Lo adoraba, había aprendido a amar su risa y disfrutaba muchisimo que me molestara (suena extraño pero es la verdad); todo el día me hacia bromas, me dedicaba canciones espantosas, me ponía apodos terribles, se burlaba y se reía de mi en cualquier oportunidad. El colmo fue cuando en una comida familiar su tío preguntó si eramos novios y él contestó "Es una chamquilla mensa que ando sacando a pastorear"... Y lo amé!
Amé reírme tanto de mi y estar a su lado me hacía sentir feliz. Aprovechábamos cada minuto que estaba en el DF para estar juntos y también llegué a acompañarlo a sus viajes y aunque no era muy divertido me encantaba estar con él así que me aguantaba la aburrición en las obras y las horas de carretera.
Mi mamá y mis amigas me decían que nunca me habían visto tan contenta, todo el día me reía de alguna de sus burradas.
Creo que a los dos nos dolió separarnos pero ya no había remedio. Cuando la confianza se pierde ya no hay marcha atrás.
Nos hemos seguido viendo y por alguna razón cada vez que salimos me arrepiento. Siempre regreso a mi casa enojada, sentida, dolida y lastimada.
La última vez que salí con él prometí no volverlo a hacer pero ayer no lo pude evitar. Me llamó y fuimos a bailar, se portó como la primera vez que salimos y tuvimos oportunidad de platicar de nosotros. Aclaramos dudas y culpas y hoy desperté con la misma ilusión que hace 2 años pero sin ninguna expectativa. En el fondo creo que ésto no llegará a ningún lado y que en un par de días desaparecerá y volverá a llamar dentro de un mes o dos, o tres... como siempre, como si nada... Ojalá me equivoque.
domingo, 24 de enero de 2010
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